En la Plaza Botero se encuentran las 23 esculturas de gran formato donadas por Fernando Botero, el Museo de Antioquia y el Palacio de la Cultura Rafael Uribe Uribe. 

Se trata de un recorrido obligado para quienes tengan curiosidad por el arte y la auténtica cultura local, sin maquillaje. Esto significa que en tu visita probablemente encontrarás algunas circunstancias como la venta informal, la indigencia y la prostitución. 

Creo que estas cosas hacen parte de la sociedad paisa y no vale la pena ocultarlas. Al contrario, debemos advertir su presencia para que los visitantes sean más conscientes de nuestra realidad y, en caso de que se sientan incómodos con ella, no se lleven sorpresas indeseadas.  

Personalmente, lo único que me preocupaba antes de ir era la inseguridad. Muchosturistas y residentes se han quejado de robos en el pasado. Así que no sabía si podía llevar mi cámara para tomarle fotos a las esculturas. 

Pero desde ya te cuento que puedes hacerlo sin lío. Eso sí, debes seguir varios consejos que te dejaré aquí abajo. El más importante: aprovecha al máximo entrando también al Museo y al Palacio, la terna perfecta para un día lleno de asombro.  

Ubicación

La Plaza Botero se encuentra en el centro de Medellín, sector de la Candelaria, entre la Av. Carabobo, la carrera Bolívar y el cruce de ambas con la Av. León de Greiff. 

Está rodeada al occidente por el Museo de Antioquia y la Iglesia de la Veracruz, al sur por el Palacio de la Cultura y queda diagonal al Parque Berrío y a la estación del Metro que tiene este mismo nombre.

¿Cómo llegar?    

Por su cercanía, la mejor opción es el sistema de transporte Metro. Otras alternativas son pedir taxi (o aplicaciones de movilidad como Didi, Uber y Cabify) o coger bus. 

Sin embargo, estas últimas no son tan recomendables porque las calles alrededor de la Plaza Botero (y del centro en general) suelen ser muy congestionadas. Además, descarto el uso de vehículo propio pues resulta difícil dar con un buen parqueadero. 

Volviendo al Metro, debes bajarte en la estación de la línea A llamada Parque Berrío, que está aproximadamente a 300 metros de la plaza. Ten en cuenta que se trata de una de las estaciones más grandes del Metro, por lo cual hay 3 puntos diferentes de salida y eso te puede confundir (el caos es parte de lo que hace tan divertido al centro). 

Si no quieres perderte, presta atención. Al bajarte del tren, identifica las escaleras más hacia el norte (a un lado de la estación verás el edificio rojo del Centro Comercial Flamingo y al otro lado la fachada ajedrezada del Palacio de la Cultura). Baja y cuando pases los torniquetes toma la salida de la derecha, que te dejará en la carrera Bolívar. 

Desde allí verás el Palacio (un gran edificio de colores blanco y negro, como un tablero de ajedrez). Más allá está la plaza llena de esculturas. 

Al segundo que bajes de la estación habrá cientos de vendedores ambulantes en la calle. Puede que te ofrezcan sus mercancías o no. Lo importante es que no te sientas obligado a comprar e incluso si deseas adquirir algún producto, hazlo rápido, sin curiosear demasiado. 

Hay otros lugares como Carabobo donde podrás ir de compras con mayor tranquilidad. En la Plaza Botero lo mejor es ir a la fija; entre menos divagues, menos te expones a los carteristas. Ahora vamos a lo divertido.  

Historia   

La Plaza Botero fue una transformación que “llegó para quedarse”. Así lo manifestó el artista Fernando Botero la noche en que sus 23 esculturas fueron colocadas frente a la nueva sede del Museo de Antioquia. Minutos después él mismo ordenó destruir los guacales en que estas habían sido transportadas, asegurando con ello su permanencia. 

Para entender la importancia de ese momento es necesario conocer un poco más sobre esta institución y la persona que da nombre a la plaza. El Museo de Antioquia fue fundado en 1881. Desde entonces ha sido el lugar que resguarda la historia del departamento y sus expresiones plásticas. 

Sin embargo, entrando en la década de 1970, la entidad atravesaba una crisis financiera y, además, carecía del espacio suficiente para exhibir toda su colección. En este panorama apareció Fernando Botero, un artista medellinense que había conquistado el mundo elevando la cultura popular latinoamericana a un nivel universal con su estética voluminosa. 

Botero prometió donar un puñado de obras guardadas en su colección personal, si se mejoraban las condiciones del museo creando una sala en honor a su hijo Pedrito, quien había fallecido de forma prematura. Después de muchos esfuerzos las primeras obras arribaron a partir de 1974, aunque era obvio que la entidad necesitaba un cambio de fondo. 

Entonces el artista y las directivas del museo decidieron elevar sus apuestas, prometiendo una donación mucho más grande si se construían una nueva sede y una plaza para varias estatuas de gran formato. Lo cual solo fue posible hasta finales de los 90, cuando el museo afrontaba una quiebra inminente y la ciudad sufría una de sus épocas más violentas. 

Contando con el apoyo del sector privado y la voluntad política necesaria para este empeño, se eligió como nueva sede el antiguo Palacio Municipal y se designó para la plaza el lote de 7.000 m2 ubicado al frente; donde había toda una cuadra de edificios habitados por una ciudadanía que, de cierto modo, nunca renunció a ese espacio.

La construcción comenzó en 1999 y, con la llegada de las 23 esculturas en 2001, se dio la inauguración oficial. En la actualidad estas siguen allí y a su alrededor palpita también la vida de la ciudad en proporciones exageradas.   

¿Qué hacer? 

Es costumbre tomarte una foto con cada escultura de bronce. Te propongo que lo hagas como un juego en donde, antes de llegar al Museo, debes capturar la mayor cantidad de escenas en el menor tiempo posible. 

Aunque tampoco es necesario correr. Para mí uno de los atractivos de la Plaza Botero, más allá de las estatuas, es su ambiente casi carnavalesco de mercado al aire libre. Y es genial pararse unos instantes a observar los curiosos personajes que lo pueblan a diario.   

Luego puedes ingresar al Museo de Antioquia (con más de 5.000 piezas en sus colecciones permanentes), al Palacio de la Cultura Rafael Uribe Uribe (cuyo mayor encanto es la arquitectura), o a ambos. Pero sin ellos no vale la pena exponerte únicamente por 23 esculturas. Así que en los enlaces te dejo sus páginas oficiales para que revises los horarios y posibles cambios de programación.

Tips de seguridad

Si llegaste hasta aquí sabes que visitar la Plaza Botero implica un poco de riesgo. No obstante, desde hace un tiempo las autoridades vienen redoblando esfuerzos para garantizar la tranquilidad de los turistas. Por eso encontrarás allí la presencia de policías y soldados. 

Aún así, como decimos en Medellín, lo mejor es no dar papaya. Y para ello te dejo los siguientes consejos: 

  • Al que madruga Dios le ayuda: desde las horas de la mañana hasta pasado el mediodía hay una mayor presencia de las autoridades, así que es más seguro ir temprano. Sin importar qué tan bonita sea la plaza cuando cae la tarde, no sugiero recorrerla después de las 4 p.m. 
  • Viaja ligero de equipaje: es mejor que solo lleves contigo lo indispensable; nada de lujos. De ese modo incluso será más cómodo trasladarse en Metro.  
  • Quédate justo el tiempo necesario: ver todas las esculturas y tomarte fotos con ellas demora aproximadamente 30 minutos.  
  • Ve acompañado: si estás en grupo será más fácil resguardar tus pertenencias, aunque tampoco debe haber problema si viajas en modo solitario.      
  • Barreras: las autoridades solo vigilan dentro de la plaza. No hay razón para que salgas a las calles aledañas, sobre todo aquellas ubicadas hacia el norte como la Av. León de Greiff, donde el riesgo de un robo es mucho mayor.

Con eso basta para que no tengas que preocuparte durante el tiempo que pases allí.