En el centro de Medellín se alza el Palacio de la Cultura, un edificio que atrapa las miradas de todos y es una suerte de misterio pues, al verlo desde afuera, los visitantes e incluso algunos residentes no pueden decir con certeza si se trata de una iglesia, un museo o una oficina de gobierno. 

Curiosamente, el Palacio de la Cultura Rafael Uribe Uribe cumple con esas 3 descripciones y muchas más. La confusión alrededor de esta magnífica obra se remonta a sus orígenes, antes de que los transeúntes se persignaran al pasar a su lado o hicieran filas gigantescas para montar en su ascensor (el primero de acceso público en la ciudad).   

Hasta hubo personas que se opusieron a la construcción sin que fueran colocados los primeros ladrillos, por lo cual es una de las edificaciones más controversiales de nuestra historia. Entre los opositores se encontraba Pedro Nel Gómez (célebre ingeniero, urbanista y muralista), quién llegó a exigir su completa destrucción.

No obstante, la estructura llegó a convertirse en uno de los patrimonios arquitectónicos más impresionante de la ciudad y fue declarado monumento nacional en 1982. Aquí te contaré varias curiosidades sobre el Palacio de la Cultura y lo que guarda en su interior. 

Ubicación 

El Palacio de la Cultura se encuentra en el centro de Medellín, sector de la Candelaria, entre la Av. Carabobo, la carrera Bolívar y el cruce de ambas con la calle Calibío. La dirección exacta es: carrera 51 No. 52-03. 

Está rodeado al norte por la Plaza Botero, al occidente por el Museo de Antioquia y la Iglesia de la Veracruz, y al suroriente por el Parque Berrío y la estación del Metro que tiene ese mismo nombre. 

¿Cómo llegar al Palacio de la Cultura? 

Por su cercanía, la mejor opción es el sistema de transporte Metro. Otras alternativas son pedir taxi (o aplicaciones de movilidad como Didi, Uber y Cabify) o coger bus. 

Sin embargo, estas últimas no son tan recomendables porque las calles que llegan al Palacio de la Cultura (y del centro en general) suelen ser muy congestionadas. Además, descarto el uso de vehículo propio pues resulta difícil dar con un buen parqueadero. 

Volviendo al Metro, debes bajarte en la estación de la línea A llamada Parque Berrío, que está justo al pie del palacio. Ten en cuenta que hablamos de una de las terminales más grandes del Metro, por lo cual hay 3 puntos diferentes de salida y eso te puede confundir (el caos es parte de lo que hace al centro tan fascinante). 

Pero relájate, aquí no hay forma de perderse. Desde la misma plataforma, al momento de bajarte del tren, divisarás la fachada ajedrezada del edificio al extremo norte de la estación. Busca las escaleras más cercanas y baja. 

Cuando pases los torniquetes toma la salida de la derecha, que te dejará en la carrera Bolívar. A unos pocos pasos te espera tu destino: un gran edificio de colores blanco y gris, como un extravagante tablero de ajedrez. 

Igual que indicamos en nuestro post sobre la Plaza Botero, habrá cientos de vendedores ambulantes entre Parque Berrío y el palacio. Puede que te ofrezcan sus mercancías o no. Lo importante es que no te sientas obligado a comprar e incluso si deseas adquirir algún producto, hazlo rápido, sin curiosear demasiado. 

A menudo se reciben quejas de robos en esta zona. Lo mejor es ir a la fija; entre menos divagues, menos te expones a los carteristas. Por suerte, el riesgo y la distancia que debes recorrer para ingresar son casi nada, especialmente si vas en horas de la mañana. 

Hay otros lugares como Carabobo donde podrás mercar con mayor tranquilidad. Aquí lo importante es la historia y la arquitectura, así que exploremos un poco de ello.  

Historia del Palacio de la Cultura

El Palacio de la Cultura Rafael Uribe Uribe fue la última gran obra pública realizada por un extranjero en Medellín durante el siglo XX. Aunque técnicamente nunca fue terminada, al menos no de la forma en que estuvo planeada desde el principio. 

Resulta que en la década de los 20 el presidente Pedro Nel Ospina (no confundir con su tocayo artista), decidió contratar al belga Agustín Goovaerts para la realización de este proyecto. Rápidamente, el talento reconocido a nivel mundial de Goovaerts y el interés que mostraban en él los sectores privados, le granjearon todo tipo de encargos. 

Y, si bien esto causó rechazo entre las personas que defendían una modernización del país desde adentro, los pocos arquitectos titulados y los constructores locales no cubrían la creciente demanda. De modo que Goovaerts terminó diseñando, entre otras cosas, el Palacio Nacional, la Iglesia del Sagrado Corazón de Jesús, el Cementerio San Pedro, el Teatro Junín y varias mansiones del barrio Prado. 

Su sello de diversas estéticas está impreso en gran parte de lo que conocemos como la Medellín antigua. Pero la fuerte oposición en su contra ocasionó que regresara a Bélgica en 1928 sin concluir el Palacio de Gobierno. Mientras la construcción quedó en suspenso, el edificio fue ocupado como sede de la Gobernación. 

En 1970 la obra fue acabada sin seguir los lineamientos originales de Gooavert. Poco después, en 1987, el centro de poder se trasladó de allí a su sede actual en la Alpujarra y el palacio, destinado a fines culturales, fue bautizado en honor a Rafael Uribe Uribe, un líder nacional muy destacado entre finales del siglo XIX y comienzos del XX.

Ahora el Palacio de la Cultura es la casa del ICPA (Instituto de Cultura y Patrimonio de Antioquia), motor principal de las expresiones artísticas y culturales en la región.   

Arquitectura del Palacio de la Cultura 

El Palacio de la Cultura tiene más de un estilo, pues el diseño planteado por Agustín Goovaerts, que en principio era gótico renacentista o gótico flamenco, tuvo que cambiar debido a las múltiples disputas con sus detractores ocasionando demoras en la ejecución. 

De hecho, fue el mismo Goovaerts quien integró distintos elementos e influencias para permitir la intervención de los demás arquitectos e ingenieros que participaron en la obra. Y aunque solo llegó a materializarse la mitad del proyecto, se pudo conservar su esencia llena de formas puntiagudas que parecen alcanzar el cielo.

Desde afuera lo más llamativo es la cúpula, cuya altura de 20 metros está custodiada por gárgolas como las de Notre-Dame. Mientras que al interior sobresale el auditorio, con un mural de Ignacio Gómez Jaramillo representando la liberación de los esclavos en 1851. Durante un tiempo este último fue censurado por mostrar desnudos y violencia explícita.

¿Qué hay adentro? 

Al ser la sede del Instituto de Cultura y Patrimonio de Antioquia, en las instalaciones del palacio encontrarás el Archivo Histórico Departamental, la Biblioteca Carlos Castro Saavedra, la Fonoteca Departamental y Centro de Documentación Musical, la Galería de Arte y la Exposición Permanente sobre Rafael Uribe Uribe y la historia del edificio.     

Además de esto hay dos espacios geniales donde puedes refrescarte, descansar e incluso tomar el algo (aunque adentro no venden comida). El primero es la fuente en el sótano y el segundo la terraza en el cuarto piso, con vista a la Plaza Botero. 

Desde allá arriba puedes tomar increíbles fotos panorámicas, pero ten en cuenta que el ascensor solo llega hasta el tercer piso, así que toca subir escalas. 

Ocasionalmente hay eventos artísticos y culturales, como las funciones de cine adentro de la cúpula. Por lo que es bueno revisar la programación en su página oficial.   

Entrada 

El acceso al edificio es gratuito, solo debes presentar en la entrada tu documento de identidad. 

El recorrido también es libre y, aunque los funcionarios te puedan dar algunas indicaciones, su trabajo no es realizar guías. Personalmente, recomiendo recorrer todo el primer piso, la fuente y la terraza. 

Horarios 

Recuerda que el parche completo es visitar el Palacio de la Cultura, la Plaza Botero y el Museo de Antioquia. Si puedes, agéndate desde temprano teniendo en cuenta que por temas de seguridad no es bueno recorrer la zona después de las 4 p.m. 

Lunes a viernesDesde las 8 a.m. hasta las 4:30 p.m.
SábadosDesde las 8 a.m. hasta la 1 p.m.
DomingosNo se abre al público